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domingo, 10 de agosto de 2014

¿Eres el alumno perfecto? 7 claves para comprobarlo




Hoy se ha convertido en habitual que los alumnos -tanto en grado como en postgrado- sean enormemente exigentes con los docentes. No me parece mal, al contrario, porque sólo con exigencia es posible la mejora continua de lo que hacemos. 

Curiosamente, sin embargo, esta exigencia hacia el profesor no siempre va acompañada con un grado similar de autoexigencia. En realidad, mi percepción es que el "gap" entre una y otra, en general, tiende a ampliarse. Y, dado que considero que todos somos siempre maestros y estudiantes a la vez -tanto en el aula como fuera de ella- creo que vale la pena preguntarse qué hace falta para ser un buen alumno. Aquí van siete claves para ello.

¿Eres humilde?
El primer paso para cualquier tipo de aprendizaje es hacer una declaración solemne. Son sólo tres palabras: "yo no sé". Parece fácil pero no siempre la hacemos. En realidad, sólo se puede hacer si tenemos el ego bajo control para permitir que la humildad nos conceda el permiso para aprender. ¡Cuántas veces la declaración es "a mí qué me vas a contar; esto yo ya lo sé"! Abogo por una actitud de "sombrero amarillo" (Seis sombreros para pensar. Edward de Bono), te proporcionará una mirada positiva y te abrirá un mundo de posibilidades. Utiliza el "sombrero negro" con cuentagotas, que no sea tu atuendo habitual.

¿Participas?
La única manera que tiene el profesor de ajustar su discurso a los intereses de su audiencia es a través del diálogo. Así, las preguntas y comentarios de los alumnos son la brújula para que el docente se guíe en el infinito mar de las preferencias de sus alumnos. Por tanto, la participación es la clave para que el profesor sea capaz de ampliar y profundizar en aquello que el grupo considere más relevante.

¿Aportas?
Decía al principio que todos somos maestros y alumnos, al mismo tiempo. No conozco ningún docente que no me haya comentado lo mucho que aprende... dando clase. Es cierto... y viceversa. Todos los alumnos poseen conocimientos, experiencias e intuiciones. ¿Por qué no poner todo ello a disposición del grupo, profesor incluido? Ahora bien, es obligatorio hacerlo desde la generosidad, no desde el egoísmo. Porque el propósito es hacer una aportación genuina, no enseñar las plumas de pavo real.

¿Estás presente?
Aquí y ahora. Nada más existe. Estar presente con el físico, la mente, las emociones y el alma. O como me repetían mis padres: "estar con los cinco sentidos puestos". El facebook y el whatsapp pueden esperar al descanso o al final. ¿O has sucumbido definitivamente a su tiranía? ¡Qué diferencia entre los alumnos que "están completamente" y los que simplemente "han venido"!

¿Te ríes?
El grupo, al igual que un individuo, siente emociones. Y estas pueden ser favorecedoras del aprendizaje o no. ¿Cuál es tu contribución al bienestar emocional del grupo? Puedes hacer mucho, sobre todo, conectando con el sentido del humor tanto de profesores como de colegas. ¿Por qué motivo las clases no pueden ser divertidas? ¿Qué mérito tiene convertir lo serio en aburrido? El humor es una destreza que pone en juego nuestro hemisferio derecho y nos proporciona un funcionamiento holístico de nuestro cerebro. Piénsalo: disfrutando, aprendemos mejor (Humour is the most significant dimension of human brain. Edward de Bono).

¿Colaboras?
No creo que exista un docente que verdaderamente merezca tal denominación que no quiera que sus clases salgan lo mejor posible. Idealmente, que terminen con aplausos. Para ello, resulta de gran ayuda darle feedback al profesor para que introduzca mejoras en sus clases y al director para que siga evolucionando el programa para las próximas ediciones. Piensa que el programa y las clases que has disfrutado tú, son consecuencia de colaboraciones de anteriores alumnos.

En definitiva, ¿sientes compromiso?
Al final, todo esto se resume con una única palabra: compromiso. ¿Cuán fuerte es tu compromiso respecto a tu aprendizaje y tu crecimiento personal? ¿Sientes ansias por sacarle el máximo provecho a lo que estás estudiando, en términos de nuevos conocimientos, nuevas relaciones y nuevas competencias? En definitiva, si la formación es un instrumento al servicio de un objetivo personal y/o profesional, ¿qué tan comprometido/a estás con tu RETO?

Si este post te ha parecido útil, te agradeceré que lo compartas ;-)

domingo, 3 de agosto de 2014

Un nuevo modelo docente de máster



Imagen de www.mundanuscoaching.co.uk














¿Cuál debería ser el modelo docente para un máster de hoy? A lo largo de los últimos meses, el equipo de dirección académica del máster de Marketing Directo y Digital de la UPF-Barcelona School of Management hemos estado trabajando en dar respuesta a esta pregunta.

El reto que hemos asumido es poner en marcha un nuevo modelo docente para la próxima edición de nuestro programa, que iniciaremos el 23 de setiembre. Tenemos, pues, deberes para las vacaciones. De todas formas, la arquitectura de la propuesta a formular ya está decidida. Aquí van sus líneas maestras.

Concebir el máster como servicio

Creo firmemente que la formación de postgrado es un instrumento, no un fin: una herramienta al servicio de los objetivos de progreso profesional de las personas. En consecuencia, un máster debería concebirse como un "servicio", no como un "producto". En otras palabras, todo debería empezar con la pregunta "y tú, ¿qué necesitas?" en lugar de con la afirmación "esto es lo que hay".

El reto aquí es diseñar el máster -contenidos y metodología docente- alrededor de un proyecto que el participante sienta como propio, no impuesto desde la dirección académica: qué conocimientos -y con qué profundidad- requiere el participante para llevarlo a cabo; qué competencias necesita desarrollar para su crecimiento profesional y personal; y qué director de proyecto -tutor o mentor- es el más adecuado para su acompañamiento.

Diseñar las sesiones lectivas como eventos

"¿Para qué tengo que ir a clase si puedo leerme lo que se explicará en mi tableta... cuándo y dónde quiera?". Este es el pensamiento imperante en nuestros participantes de hoy día. Y lo bueno del caso es que tienen razón. En efecto, creo que la única justificación para estar presente en el aula, en una fecha y hora determinadas es que "allí va a pasar algo y, si no voy, me lo perderé".

En este sentido, otra vez la aplicación de conceptos de Marketing puede ayudarnos a encontrar una alternativa útil. Se trata de concebir las sesiones lectivas presenciales como si fueran un evento. Y en publicidad, sabemos que para sacar el máximo jugo a un evento, debemos planificar el antes, el durante y el después. Estoy convencido que la presencialidad quedaría plenamente justificada si diseñáramos las sesiones como "eventos", no como "clases".

Reinterpretar al docente como facilitador

En un post anterior ("El profesor-coach"), ya expresé mi opinión al respecto de cuál pienso que debe ser el rol del docente en la actualidad. Mi compañero del equipo de dirección académica, Albert G. Pujadas (@qtorb), me hizo llegar un post del blog de Raúl García González (@conektio) en el que se describían las cuatro cualidades del nuevo profesor: "Los nuevos roles del profesor: hacker, DJ, coach y community manager".

Un artículo francamente inspirador -y retador- para quienes amamos la docencia. A la vista de estos cuatro roles, se me ocurren otros tantos valores sobre los que sustentar dichos nuevos roles:

  • el afán de superación, para seguir aprendiendo continuamente y desaprender lo inútil aprendido
  • la creatividad, para conectar conceptos e ideas que, presentados unidos, aporten algo nuevo
  • la humildad, para escuchar antes de hablar y poder reconocer los conocimientos del otro
  • la co-operación, para que entre en juego la inteligencia colectiva del grupo en el aprendizaje

En definitiva, poner al participante en el centro

Desde siempre, la principal ocupación de la dirección académica ha sido la elaboración del programa académico y la formación del claustro docente. Una vez hecho esto, el curso estaba a punto para ser iniciado. A pesar de que cada participante viene con un bagaje diferente de conocimientos, experiencias e intereses, el programa es el mismo para todos.

El gran reto para nosotros es, pues, pasar de un enfoque "producto" a un enfoque "cliente". O sea, aplicarnos lo que predicamos en nuestras clases de Marketing. En consecuencia, el camino a recorrer será el de la personalización de los contenidos, teniendo como punto de partida lo que el participante ya sabe y poniendo el foco en los conocimientos que necesita incorporar según sus intereses y aspiraciones profesionales. Pero eso, será en la fase dos de nuestro nuevo modelo docente.

En pocas palabras, como en la moda, debemos pasar de la "confección" a la "sastrería a medida". Una vez más, la evolución pasará, curiosamente, por recuperar las cosas buenas del pasado.

domingo, 6 de octubre de 2013

Humor y docencia














¿Te has aburrido en las clases del cole y de la universidad ? Muchas veces, ¿verdad? Y en la formación de tu empresa, ¿te sueles divertir? Pocas veces, ¿verdad? ¡Qué lástima que los participantes en una sesión formativa estén mirando el reloj para saber cuánto falta para irse... y no para saber el tiempo que les queda para seguir disfrutándola!

Y hablando de disfrutar, siempre me ha sorprendido la falta de sentido del humor de una buena mayoría de los docentes. ¿Piensan acaso que decir algo con cara seria hace que ello sea más trascendente? ¿Creen acaso que aparecer malhumorado favorece la atención de sus alumnos y facilita su aprendizaje? Son los docentes que no dan clase "a" o "con" sino "contra" sus pupilos. Una pena.

Lo reconozco: el sentido del humor es una de mis virtudes favoritas... en los demás y en mí mismo. Lo cultivo en todas mis relaciones: con la familia, los compañeros de trabajo, las amistades y, por descontado, con mis alumnos. Creo que es el mejor lubricante para que los engranajes de las complejas interrelaciones humanas funcionen fluidamente, sin griparse.

En clase, el sentido del humor es parte fundamental de mi metodología docente porque me aporta enormes utilidades. Aquí van siete de ellas:
  • ayuda a captar y mantener la atención de un público experto en desconectar cuando "aquí no pasa nada interesante";
  • favorece la conexión emocional entre el docente y sus alumnos porque reduce el gap psicológico entre ambos;
  • propicia la participación en clase porque reduce el miedo al error en público;
  • fomenta la colaboración entre los participantes porque crea una atmósfera lúdica;
  • facilita el aprendizaje de los conocimientos porque reduce la percepción de dificultad de la materia impartida;
  • reduce el absentismo a tus clases porque "con este nos lo pasamos bien";
  • finalmente, para el docente es mucho más agradecido ver cómo se ríen tus alumnos en clase... que verlos marcharse en el descanso.

Como la sal y la pimienta en gastronomía, es importante encontrar la dosis justa: si pecas por defecto, el plato sale soso, plano, gris; si pecas por exceso, lo echas a perder porque te impide degustar el verdadero sabor de sus ingredientes. Pasa lo mismo en clase: poco humor lleva al aburrimiento; demasiado humor, lleva a la banalización de los contenidos y, a menudo, a la pérdida de control del grupo.

¿Y cómo saber cuál es la medida exacta? En mi opinión, es un arte. No sé de ninguna receta. Sobre todo porque depende de la audiencia que se tenga en cada caso, de su estado anímico... y del tuyo, entre otros muchos factores.

Seguiré sobre este tema en futuras ocasiones. ¿Comentarios al respecto del humor en las aulas? ;-)

domingo, 22 de septiembre de 2013

Docencia, amor e ilusión
















El secreto para que te salgan bien las cosas en la vida: hazlas por amor a los demás. Por descontado, esto es especialmente verdad en una actividad como la docencia, que no tiene otro propósito que ayudar a los estudiantes a mejorar en sus conocimientos y competencias a fin de progresar en su vida profesional... y en "la otra".

A lo largo de nuestra trayectoria como estudiantes -"cole", universidad, escuela de negocios, o donde sea que hayamos estudiado-, nos hemos encontrado con "profesores amorosos". Los hemos distinguido rápidamente de los demás porque ellas y ellos daban lo mejor de sí mismos, poniendo sus conocimientos y experiencia a nuestro servicio... y no al de su ego.

La semana próxima darán comienzo la 20ª edición del máster de Marketing Farmacéutico y la 11ª del máster de Marketing Directo y Digital (ocho versiones en Barcelona y tres en Santiago de Chile). ¡Ya tengo ganas de conocer a nuestros nuevos participantes! Pasaremos más de nueve meses juntos durante los que vamos a disfrutar aprendiendo y creciendo como profesionales y como personas.

Seguro que todos ellos se sorprenderán cuando el primer día del curso les diga que "estamos aquí por amor" y que "todos y cada uno de los docentes estamos a vuestro servicio, no vosotros al nuestro". Sí, es curioso, pero estas frases siguen sorprendiendo. ¿Será que no es habitual oírlas en un aula?

A principios de esta semana, hemos tenido los claustros docentes de ambos programas. Una muestra de la implicación de los profesores es el alto nivel de asistencia que tuvimos. Algo realmente muy valorable en unos profesores que son profesionales en activo con agendas apretadísimas. Y ello es el mejor síntoma de la ilusión renovada que todos sentimos al inicio de cada curso.

En dichos claustros, debatimos a fondo el foco para este próximo curso: seguir evolucionando nuestra metodología docente para mejorar aún más la relación teoría-práctica de los programas. Lo expresamos diciendo que nuestros programas deben tener un carácter "how-to", es decir, que cada sesión debe servir no sólo para saber más sino para saber cómo aplicarlo a la práctica real.

Añadido a este reto, nos planteamos seguir introduciendo herramientas online que complementen la metodología presencial y que fomenten las habilidades digitales de nuestros participantes. Se trata de ayudarles a establecer su entorno de aprendizaje personal (PLE: personal learning environment). El objetivo de todo ello: aprender a aprender.

Preparados, listos... ¡ya! Todo a punto para empezar el nuevo curso. Un año más, los docentes estamos ilusionados para ilusionar a nuestros participantes desde el primer día de clase... con todo nuestro amor. 

sábado, 20 de julio de 2013

Fin del MIF-11: conclusiones y aprendizajes
















En el post anterior reflexionaba sobre los aprendizajes obtenidos en la 8ª edición del máster de Marketing Directo y Digital. Ahora le toca el turno al máster de Marketing Farmacéutico que, como quien no quiere la cosa, ha cumplido su 19ª edición... ¡que se dice pronto!

Un año más, la defensa pública de las tesinas ha puesto un broche de oro al programa. En las tardes de los pasados días 8 y 10 de julio, los seis equipos de tesinas hicieron la exposición pública de sus trabajos. Todas las presentaciones tuvieron un nivel alto y fueron reflejo de unos planes de marketing de muy alta calidad profesional.

Los proyectos de las tesinas tuvieron la diversidad de siempre: Abilify (antipsicótico de Otsuka), Betaferon (esclerosis múltiple de Bayer); Fluimucil (mucolítico de Zambon); Antán (antimigrañoso de Lilly); Aknenormin (antiacneico de Almirall); Diován (antihipertensivo de Novartis).

Todos ellos suponían retos de marketing muy distintos. Respectivamente:
  • asumir la gestión comercial completa tras finalizar la co-promoción con otro laboratorio
  • defender una posición de liderazgo frente a un bioequivalente
  • relizar el switch de prescripción a OTC, con cambio de marca incluido
  • lanzar un nuevo producto en una categoría desconocida para el laboratorio
  • competir frente a 7 productos con el mismo principio activo ya establecidos en el mercado
  • gestionar el ciclo de vida de un producto maduro frente a la entrada de genéricos
Después de ver estos trabajos y sus presentaciones, así como de leer las valoraciones finales de los participantes sobre el máster, aquí van algunas reflexiones: 
  1. En septiembre 2012, la mayoría de los participantes -esencialmente provenientes de Ciencias de la Salud- no habían hecho un plan de marketing en su vida. Nueve meses más tarde, han sido capaces de elaborar uno y defenderlo en público con gran profesionalidad. ¡Gran [trans]formación!
  2. Los tutores son una pieza fundamental en el proceso de aprendizaje de los participantes: les ayudan a convertir el "saber" en "saber hacer".
  3. A veces sucede que no todos los integrantes de un equipo se esfuerzan por igual ni aportan lo mismo al proyecto. Lo que sí sucede siempre es que quienes más se esfuerzan, más rendimiento le sacan a su inversión en el máster.
  4. Los participantes han demostrado que son capaces de tener nuevas formas de pensar en los clientes, mucha creatividad en las estrategias y los planes de acción y un buen dominio de los medios y las herramientas del marketing digital: ellas y ellos serán el relevo de los marketeers del siglo XX.
  5. El nivel de satisfacción con el máster sigue siendo muy elevado: de los 25 participantes que respondieron a la encuesta final -sobre un total de 28- sólo dos indicaron que no recomendarían el programa: un índice de recomendación del 92% (en los dos años anteriores, 96%).
  6. Año tras año, el máster consigue este alto nivel de satisfacción. El secreto es la profesionalidad y el compromiso de los 42 profesores del claustro docente -todos ellos profesionales de primer nivel del sector farmacéutico- que con gran generosidad ponen al servicio de los participantes su experiencia y su dedicación. ¡Muchas gracias a todos ellos!
  7. En esta edición, hemos puesto en marcha el blog del máster. Personalmente, tenía dudas sobre la voluntad de participación de los alumnos en el mismo. Mis temores eran infundados: hasta la fecha, un total de 23 participantes han escrito 57 entradas, un buen número de las cuales reflexionan sobre "farma digital". ¡Recomiendo entusiastamente su seguimiento!
  8. Las prácticas profesionales en empresas del sector proporcionan -y siguen proporcionando hasta septiembre- una primera experiencia en un departamento de marketing farmacéutico (o en una agencia healthcare) para los 19 participantes que las han llevado a cabo. ¡Muchas gracias a las 12 empresas que les han ofrecido estas oportunidades!
  9. El propósito último de este máster es el progreso profesional de sus participantes. Y, para quienes no tienen trabajo, proporcionarles oportunidades laborales. Para nuestra satisfacción, a lo largo del curso dos participantes han sido contratados por sendas empresas; adicionalmente, nuestra bolsa de trabajo acaba de recibir dos ofertas de trabajo dentro de esta misma semana. ¡Bravo!
  10. Una reflexión final: los grandes cambios que está sufriendo el sector hacen imprescindible evolucionar constantemente tanto los contenidos como la metodología docente. Lo venimos haciendo significativamente en los últimos tres años; nuestro reto es seguir impulsando estos cambios en beneficio de los participantes de la próxima edición: ¡la 20ª!
Un año más, podemos decir aquello de "misión cumplida". Los esfuerzos de muchos se han visto compensados con el enorme progreso de los participantes. ¡Enhorabuena a todos ellos y ellas por su dedicación y perseverancia en el aprendizaje!

Y, por encima de todo, ¡muchas gracias a todos por el cariño que siempre nos demostráis!

sábado, 29 de junio de 2013

¡Cuidado con las etiquetas!

Imagen de elcentrobolsero
















Cuando estabas en el "cole", ¿a qué colectivo pertenecías?: "estudiosos", "vagos", "inteligentes", "listos", "listillos", "aplicados", "graciosos", "apocados", "gamberros", "gordos", "gafotas"... Había "segmentos" y "tipologías" para todos los gustos (y disgustos), fruto de una ha(de)bilidad muy humana: etiquetar a los demás.

Hace tiempo leí un texto --de alguien que no recuerdo-- en el que, al hablar de nuestro hábito de etiquetar a todos y a todo, se mencionaba un supuesto aforismo de origen americano en el que se decía que "las etiquetas matan". Al principio me pareció algo exagerado. Después, me he dado cuenta del impacto que una etiqueta puede llegar a tener en la vida de una persona, en cualquiera de sus ámbitos: sentimental, familiar, social, académico, profesional, etc.

Viene esto a cuento de uno de los principios clave que aplico en mi docencia: ¡mucho cuidado con etiquetar a los estudiantes y al grupo-clase!. Y no es sencillo porque, al fin y al cabo, las etiquetas cumplen una función crucial: simplificarnos la vida... para lo bueno y para lo malo. Sin embargo, para los docentes, es una tentación a la que es importante que nos resistamos si somos propensos a etiquetar negativamente.

Esto último me recuerda una experiencia vivida que me dejó perplejo. Estaba impartiendo un seminario de "Coaching para la Docencia" a profesores universitarios. En una de las sesiones, uno de ellos --joven y profesor de una materia muy actual-- nos comentó que, desde el primer día de clase, él estaba convencido de que sus alumnos querían engañarle. Estaba obsesionado con ello y ponía todo su esfuerzo en dificultar que lo consiguieran: controles de todo tipo en los trabajos, vigilancia policial en los exámenes, desconfianza en el trato personal, etc.

Lo malo es que, muy a menudo, la etiqueta se convierte en una profecía autocumplida: las personas acabamos comportándonos como los demás esperan, es decir, de acuerdo a las etiquetas que llevamos colgadas. En consecuencia, no me cabe ninguna duda que los alumnos de este profesor se comportaron "como él quería" y pusieron toda su creatividad --que suele ser infinita-- al servicio de superar los retos que su "cruzada antiengaño" les proponía. En pocas palabras: la etiqueta se hizo realidad.

Aprendiendo de esto, elaboré una diapositiva para la clase inicial de mi asignatura en la universidad. La titulé "Mi credo" y dice así:
  1. Creo en ti.
  2. Creo que estamos aquí --yo también-- para aprender y progresar.
  3. Creo que ya sabes mucho de Marketing Directo y Promocional... aunque no lo creas.
  4. Creo en la inteligencia colectiva: el grupo sabe más que tú y que yo.
  5. Creo que solo aprendemos cuando disfrutamos.
Con ello, hago una declaración genuina de mis intenciones hacia ellos, hacia la asignatura y hacia las diez semanas que compartiremos. En este caso, les etiqueto en positivo: "eres merecedor de confianza", "ya posees muchos conocimientos", "todos juntos sabemos más". La experiencia me demuestra que se comportan de forma coherente con dichas etiquetas positivas, actuando como personas confiables, aportando en el debate colectivo y trabajando motivados en equipo.

En definitiva: las etiquetas son material explosivo que conviene manejar con extrema delicadeza. ¡Mucha atención con ellas en clase... y en la vida!

domingo, 9 de junio de 2013

Actitud "egoless"



¿Nunca te has sentido un instrumento al servicio del ego de alguno de tus profesores? ¡Cuántos excelentes investigadores se ven obligados a dar clase cuando, en realidad, odian hacerlo! Y a cuántos directivos, ejecutivos y emprendedores exitosos les encanta dar clase en un máster... para tener una audiencia que les escuche y les admire: ¡qué brillante es!

Es lo que denomino "docencia de escaparate", en la que el profesor "se mira pero no se toca". Está ahí para demostrar su altura intelectual, inalcanzable para su sufridos discípulos quienes, a duras penas pueden seguir el ritmo al que dicta las evidencias de su erudición. En pocas palabras: los alumnos al servicio del profesor.

¡Que hagan lo que verdaderamente hacen bien! Unos, investigar y publicar; otros, dirigir o emprender. Y que den clase los auténticos apasionados por la docencia. Así, todas las partes saldrían ganando: ellos mismos, los docentes vocacionales y, sobre todo, los estudiantes.

Sólo concibo una actitud frente a la docencia. Es esta: el profesor está al servicio de sus estudiantes, no ellos al suyo. Está para favorecer su aprendizaje, no para que admiren sus conocimientos.

Porque, en realidad, los estudiantes, además de alumnos son clientes. ¿O no pagan por recibir una docencia del máximo nivel posible? ¿O pensamos que pagan por sentarse a escuchar a eruditos que no se preocupan por su progreso? En la universidad, con el incremento tan sustancial de las tasas, tengo la sensación que los estudiantes van a comportarse cada vez más como clientes. Y si no, al tiempo.

Pues bien, para tener esta vocación de servicio, lo primero que debemos tener es una "actitud egoless". Es decir, dejar nuestro ego fuera del aula. Un buen profesor debe entrar en el aula metido en el marco de referencia de sus alumnos y salir del suyo. Esto no va del umbraliano "yo he venido aquí a hablar de mi libro", sino de "cómo puedo ayudaros aquí y ahora para que interioricéis los conceptos clave de hoy".

Por cierto, si no te sientes capaz de ello, olvídate de la docencia. No pasa nada. No todo el mundo sirve para ella. De la misma forma que no todo el mundo sirve para investigar o para dirigir empresas o para emprender.

O así me lo parece. ¿Y a ti?

lunes, 3 de junio de 2013

El profesor-coach




Permíteme empezar con dos premisas que, para mí, son básicas como docente:
  • creo que la docencia va de aprender, no de enseñar; en consecuencia, el protagonismo debe ser del estudiante, no del profesor;
  • creo en el potencial de la inteligencia colectiva; o sea, todo el grupo junto es capaz de saber más que cualquier profesor individual.
Partiendo de estas dos premisas, la pregunta que debe formularse hoy un profesor es la siguiente: ¿cuál es la mejor función que puedo desarrollar para facilitar el aprendizaje de mis estudiantes? Ciertamente, la respuesta no es obvia. El paradigma en el que se ha basado la labor del docente durante siglos ha sido el "yo sé; tú, no" que conllevaba el "yo hablo; tú escuchas". O sea, "yo Tarzán; tú Chita".

Bien, creo que estarás de acuerdo en que esto está finiquitado. Por descontado, es así en la formación de postgrado; pero también en la de grado, con los estudiantes asistiendo a clase con portátiles y tablets conectados y a pocos clicks de todo el conocimiento mundial sobre lo que el profesor les está contando.

Probablemente, muchos profesores universitarios estén horrorizados frente a esta nueva situación. A mí me parece magnífica. Por fin, el docente no puede escudarse únicamente en la transmisión del conocimiento y debe bajar al ruedo de la facilitación del aprendizaje. Poco a poco, se va haciendo añicos esa sarcástica frase de Mark Twain en la que decía que "la educación consiste en que los apuntes del profesor acaben en los del estudiante sin pasar por el cerebro del uno ni del otro" (vía @XSalaimartin).

En efecto, los tiempos actuales requieren otro rol del docente: el "profesor-coach". Un nuevo rol que se acerca más al entrenador deportivo que al párroco del púlpito:
  • consensuar retos... más que obligar
  • preguntar y escuchar... más que hablar
  • provocar... más que argumentar
  • dar feedback... más que discursear
  • mover a la acción... más que controlar
Estas son, precisamente, las principales herramientas en una conversación de coaching. Una conversación que tiene el propósito de conseguir que quien recibe el coaching sea capaz de hacerse cargo de su propio reto... y en la que el coach, ni le juzga ni le da consejos.

¿Y si lo trasladamos a la docencia? Yo procuro hacerlo porque estoy convencido que vale la pena confiar en la responsabilidad de nuestros estudiantes y en su infinito potencial de aprendizaje.

O así me lo parece. ¿Y a ti?

domingo, 19 de mayo de 2013

[trans]Formación


Imagen libre de derechos: Diamond and piece of coal

Durante años he utilizado una frase de Herbert Spencer (1820-1903) para definir lo que pienso sobre el propósito de la formación: "El gran objetivo de la educación no es el conocimiento sino la acción".

Siempre me ha parecido que la formación que simplemente pretende trasladar conocimientos, se queda corta. Bueno, al menos, en el tipo de formación que llevo haciendo en los últimos 20 años. El propósito de todas esas actividades docentes ha sido siempre conseguir que los estudiantes integren los conocimientos adquiridos en su día a día, profesional y personal.

Al terminar el curso, muchos de nuestros participantes en el Máster de Marketing Farmacéutico y el Máster de Marketing Directo y Digital,  nos confiesan que "el máster les ha transformado". Seguro que no utilizarían esta expresión si únicamente hubieran sacado unos buenos conocimientos de Marketing de los nueve meses de programa.

No. Sacan mucho más. Yo lo denomino [trans]formación. O lo que eso significa: dar un salto significativo tanto en el Saber como en el Ser. Porque, al fin y al cabo, en unas disciplinas tan dinámicas como son el Marketing y la Comunicación, una buena parte de los conocimientos tienen fecha de caducidad.

Lo que sí tiene vigencia de por vida es la transformación de la persona en las cuatro dimensiones del ser humano: mental, física, emocional y espiritual. Dimensiones que, llevadas al terreno de la docencia, podríamos traducir libremente en intelecto, esfuerzo, pasión y ética.

O así me lo parece. ¿Y a ti?